Antropología de la muerte - ayudar a morir
Antonio Oliver parte de una idea que transforma por completo nuestra manera habitual de contemplar la muerte. La muerte no es lo contrario de la vida, sino una dimensión que forma parte de ella desde el principio. Vivir significa cambiar, crecer y dejar continuamente atrás aquello que hemos sido. El niño desaparece para que pueda surgir el adolescente y este deja paso al adulto. Nuestra propia identidad se construye mediante innumerables pequeñas muertes que hacen posible nuevas formas de existencia. Por eso la muerte definitiva puede entenderse como la culminación de ese mismo proceso y no simplemente como su interrupción. Oliver recupera así la idea del hombre como un ser orientado hacia la muerte y plantea que la muerte puede ser la gran iniciación de la existencia, el paso desde una vida todavía fragmentaria hacia una plenitud que no podemos conocer mientras permanecemos dentro del tiempo. Aprender a morir significa entonces aprender a vivir, a desprenderse, a aceptar la provisionalidad y a descubrir qué permanece cuando todo lo accesorio desaparece.
Esta mirada cambia también profundamente la manera de acompañar al moribundo. A medida que la muerte se aproxima, las posesiones, las preocupaciones, los papeles sociales e incluso muchas palabras pierden importancia y la persona parece acercarse cada vez más a su núcleo más auténtico. Ante ese misterio no existen fórmulas, argumentos ni explicaciones capaces de sustituir a la presencia humana. Oliver insiste en que sólo quien se ha reconciliado de algún modo con su propia mortalidad puede acompañar verdaderamente a quien está muriendo. Una mano, una mirada, el silencio o simplemente permanecer al lado del otro pueden tener entonces más valor que cualquier discurso. Sólo el amor puede acompañar verdaderamente al moribundo. Desde la perspectiva cristiana, esta esperanza culmina en la resurrección. La muerte no destruye lo que el hombre ha ido construyendo durante toda su existencia, sino que abre la posibilidad de llevarlo a su plenitud. Morir sería así pasar de la construcción a lo construido, de lo fragmentario a la totalidad y de la existencia al ser.
Este curso se impartió en dos años consecutivos y tuvo como invitada especial a Elisabeth Kübler-Ross y contó con la colaboración del IANDS.
Antonio Oliver falleció un mes después de impartir este curso y como si de una premonición se tratara pudo compartir en estas sesiones que la muerte no existe y que lejos de ser el final es el comienzo de todo siendo en realidad un camino de transformación donde el ser se vuelve más ser.
Puedes descargar el resumen del curso en formato PDF o de libro electrónico:
